- Escrito por Josemaría Monforte
Breve exposición de la noción de ayuno en el AT y NT, especialmente en las enseñanzas paulinas.
Conferencia cuaresmal en la Parroquia de san Josemaría Escrivá de Valencia, el sábado 21 de marzo a las 20.00 horas.
Guión
Introducción.- Mensaje
cuaresmal 2009 de Benedicto XVI.- Ayuda para evitar el pecado.- El ayuno
de en el Antiguo Testamento.- El ayuno en el Nuevo Testamento.- El
ayuno en la primitiva Iglesia y las enseñanzas paulinas.- El ayuno en
nuestros días.- Práctica ascética de la mortificación.- Último fin del
ayuno: unión con Dios.- Despedida mariana.
cuaresmal 2009 de Benedicto XVI.- Ayuda para evitar el pecado.- El ayuno
de en el Antiguo Testamento.- El ayuno en el Nuevo Testamento.- El
ayuno en la primitiva Iglesia y las enseñanzas paulinas.- El ayuno en
nuestros días.- Práctica ascética de la mortificación.- Último fin del
ayuno: unión con Dios.- Despedida mariana.
Introducción
Si ayer nos ocúpabamos de la oración, hoy vamos a reflexionar sobre el ayuno cuaresmal. ¡Queridos hermanos y hermanas!
Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de
preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer
tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana
confiere un gran valor la oración, el ayuno y la limosna para
disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer
experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia
pascual, "ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a
los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la
concordia, doblega a los poderosos" (Pregón pascual).
Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de
preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer
tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana
confiere un gran valor la oración, el ayuno y la limosna para
disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer
experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia
pascual, "ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a
los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la
concordia, doblega a los poderosos" (Pregón pascual).
Mensaje cuaresmal 2009 de Benedicto XVI
En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal (11-XII-2008), este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno.
En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el
Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos
en el Evangelio: "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para
ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta
días y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (Mt 4,1-2). Al igual
que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que
Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8),
Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro
enfrentamiento con el tentador.
En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el
Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos
en el Evangelio: "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para
ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta
días y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (Mt 4,1-2). Al igual
que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que
Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R 19,8),
Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro
enfrentamiento con el tentador.
Ayuda para evitar el pecado
Podemos preguntarnos qué
valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de
algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento.
Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el
ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él.
Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una
ocasión la invitación a ayunar. Ya en las primeras páginas de la Sagrada
Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el
fruto prohibido: "De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del
árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que
comieres de él, morirás sin remedio" (Gn 2, 16-17).
valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de
algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento.
Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el
ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él.
Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una
ocasión la invitación a ayunar. Ya en las primeras páginas de la Sagrada
Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el
fruto prohibido: "De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del
árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que
comieres de él, morirás sin remedio" (Gn 2, 16-17).
Comentando la orden
divina, San Basilio observa que "el ayuno ya existía en el paraíso", y
"la primera orden en este sentido fue dada a Adán". Por lo tanto,
concluye: "El no debes comer es, pues, la ley del ayuno y de la
abstinencia" (cfr. Sermo de ieiunio: PG 31, 163, 98).
divina, San Basilio observa que "el ayuno ya existía en el paraíso", y
"la primera orden en este sentido fue dada a Adán". Por lo tanto,
concluye: "El no debes comer es, pues, la ley del ayuno y de la
abstinencia" (cfr. Sermo de ieiunio: PG 31, 163, 98).
Puesto que el pecado y
sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un
medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras
antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida,
invitando al pueblo reunido a ayunar "para humillarnos dijo delante de
nuestro Dios" (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su
favor y su protección.
sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un
medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras
antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida,
invitando al pueblo reunido a ayunar "para humillarnos dijo delante de
nuestro Dios" (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su
favor y su protección.
Lo mismo hicieron los
habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se
arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno
diciendo: "A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos" (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y les perdonó.
habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se
arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno
diciendo: "A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos" (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y les perdonó.
El ayuno de en el Antiguo Testamento
La Ley sólo prescribe el ayuno para el gran día de la expiación
(Lev 16,29-30; 23,27.32; Núm 29,7). La práctica por lo contrario es muy
rica y varia, aun prescindiendo de las prescripciones levíticas sobre
comidas, abstinencias en sacerdotes, nazireos y recabitas, de que no
vamos a tratar aquí. Ayunan personas de todos los estados, individuos y
el pueblo entero, hasta el ganado (Jon 3,7), por propio impulso o por
ordenación superior, de un día a tres, a siete, a tres semanas, a
cuarenta días, constantemente, durante toda la vida (Jdt 8,6).
(Lev 16,29-30; 23,27.32; Núm 29,7). La práctica por lo contrario es muy
rica y varia, aun prescindiendo de las prescripciones levíticas sobre
comidas, abstinencias en sacerdotes, nazireos y recabitas, de que no
vamos a tratar aquí. Ayunan personas de todos los estados, individuos y
el pueblo entero, hasta el ganado (Jon 3,7), por propio impulso o por
ordenación superior, de un día a tres, a siete, a tres semanas, a
cuarenta días, constantemente, durante toda la vida (Jdt 8,6).
Desde la cautividad, se
van haciendo más numerosos los días anuales de ayuno (Zac 7,3.5; 8,19) y
ayunos especiales antes desconocidos (2Par 20,3-4; cf. Jon 3,5-9) se
ordenan con mayor frecuencia (Esd 4,16; Neh 9,1). Los piadosos ayunaban
dos veces a la semana (Lc 18,12).
van haciendo más numerosos los días anuales de ayuno (Zac 7,3.5; 8,19) y
ayunos especiales antes desconocidos (2Par 20,3-4; cf. Jon 3,5-9) se
ordenan con mayor frecuencia (Esd 4,16; Neh 9,1). Los piadosos ayunaban
dos veces a la semana (Lc 18,12).
En el AT el ayuno no se practica casi nunca solo.
Es la parte llamativa, que pide serio empeño externo, del
comportamiento ritual y religioso del individuo o de un grupo (del
pueblo), cuando se dirigen a Dios en la necesidad.
Es la parte llamativa, que pide serio empeño externo, del
comportamiento ritual y religioso del individuo o de un grupo (del
pueblo), cuando se dirigen a Dios en la necesidad.
Con la esencial
renuncia a la comida y bebida, o su limitación (por ej., Dan 10,3), van
unidos el llanto, lamentaciones a gritos, vestido de saco, ceniza,
polvo, rasgadura de los vestidos, abstención de comercio sexual,
renuncia al aseo corporal, como lociones y baños, andar con los pies
descalzos, omisión del saludo, dormir sobre el suelo (así 2Sam 12,16),
y, en los ayunos públicos, reuniones de culto y descanso del trabajo (JI
1,14; 2,14-16; 1Re 21,9-10.12; Jer 36,6.9).
renuncia a la comida y bebida, o su limitación (por ej., Dan 10,3), van
unidos el llanto, lamentaciones a gritos, vestido de saco, ceniza,
polvo, rasgadura de los vestidos, abstención de comercio sexual,
renuncia al aseo corporal, como lociones y baños, andar con los pies
descalzos, omisión del saludo, dormir sobre el suelo (así 2Sam 12,16),
y, en los ayunos públicos, reuniones de culto y descanso del trabajo (JI
1,14; 2,14-16; 1Re 21,9-10.12; Jer 36,6.9).
Nunca faltan desde
luego la oración (por ej., Neh 1,4; Bar 1,5) y las obras corporales de
misericordia (Is 58,3-7). Se habla a menudo del ayuno juntamente con
estas obras de misericordia, como trasunto de la piedad (por ej., Tob
12,8).
luego la oración (por ej., Neh 1,4; Bar 1,5) y las obras corporales de
misericordia (Is 58,3-7). Se habla a menudo del ayuno juntamente con
estas obras de misericordia, como trasunto de la piedad (por ej., Tob
12,8).
Las circunstancias exteriores son en su propio medio la expresión natural de dolor profundo
(cf. el ayuno como duelo por un muerto, 1Sam 31,13; 2Sam 1,11.12; luto
de viuda en Jdt 8,5.6). De ahí que el ayuno es desterrado por la alegría
(Jdt 8,6; Jl 2,18-27; Zac 7,3; 8,19). 'inná nafso = humillar su alma ( = a sí mismo) describe a menudo parafrásticamente o sustituye a sum = ayunar (Lev 16,29.31; 23,27.29.32; Núm 29,7; 30,14; Is 58,3.5; Sal 34-35,13; cf. 1Re 21, 17.19; Eclo 2,17).
(cf. el ayuno como duelo por un muerto, 1Sam 31,13; 2Sam 1,11.12; luto
de viuda en Jdt 8,5.6). De ahí que el ayuno es desterrado por la alegría
(Jdt 8,6; Jl 2,18-27; Zac 7,3; 8,19). 'inná nafso = humillar su alma ( = a sí mismo) describe a menudo parafrásticamente o sustituye a sum = ayunar (Lev 16,29.31; 23,27.29.32; Núm 29,7; 30,14; Is 58,3.5; Sal 34-35,13; cf. 1Re 21, 17.19; Eclo 2,17).
Es la expresión externa de la humillación consciente y voluntaria ante el poder de Dios que amenaza y castiga,
del íntimo apartamiento del pecado, por el que se provocó la ira de
Dios (cf Eclo 2,17ss). Según los casos, es expresión de esta disposición
de espíritu, o exhortación y medio para lograrIa. El hombre que tiene
conciencia de su culpa y dependencia, hace lo posible para apartar el
motivo de que Dios intervenga .con mano dura y de moverle también
humanamente a compasión.
del íntimo apartamiento del pecado, por el que se provocó la ira de
Dios (cf Eclo 2,17ss). Según los casos, es expresión de esta disposición
de espíritu, o exhortación y medio para lograrIa. El hombre que tiene
conciencia de su culpa y dependencia, hace lo posible para apartar el
motivo de que Dios intervenga .con mano dura y de moverle también
humanamente a compasión.
El ayuno en el Nuevo Testamento
En el Nuevo Testamento,
Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de
los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que
imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios.
Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de
los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que
imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios.
El verdadero ayuno,
repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir
la voluntad del Padre celestial, que "ve en lo secreto y te
recompensará" (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás,
al término de los 40 días pasados en el desierto, que "no solo de pan
vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt
4,4).
repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir
la voluntad del Padre celestial, que "ve en lo secreto y te
recompensará" (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás,
al término de los 40 días pasados en el desierto, que "no solo de pan
vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt
4,4).
Los profetas, los
sabios y Jesús mismo atacan no el ayuno en si mismo, sino el ayuno sin
alma, que no es ya humillación, sino soberbia y exigencia ante Dios
(Zac 7,5-6; Lc 18, 12.14; Mt 6,16-17). Lo que importa es el
cumplimiento de los deberes más importantes de la moralidad externa e
interna, sobre todo de la justicia y la caridad (Is 58, 3-5; Jer 14,12;
Eclo 34[31],25-26 [30-31]; Jl 2,12.13). Isaias da al ayuno agradable a
Dios y fructífero el sentido traslaticio de practicar la justicia y las
obras de caridad (Is 58,6-12). Contra una tendencia al acrobatismo y al
alarde, que se manifiesta tanto más claramente cuanto más avanza la
historia (cf. Mt 6,16-18), profetas y sabios mantienen enhiesto el ideal
de la verdadera piedad.
sabios y Jesús mismo atacan no el ayuno en si mismo, sino el ayuno sin
alma, que no es ya humillación, sino soberbia y exigencia ante Dios
(Zac 7,5-6; Lc 18, 12.14; Mt 6,16-17). Lo que importa es el
cumplimiento de los deberes más importantes de la moralidad externa e
interna, sobre todo de la justicia y la caridad (Is 58, 3-5; Jer 14,12;
Eclo 34[31],25-26 [30-31]; Jl 2,12.13). Isaias da al ayuno agradable a
Dios y fructífero el sentido traslaticio de practicar la justicia y las
obras de caridad (Is 58,6-12). Contra una tendencia al acrobatismo y al
alarde, que se manifiesta tanto más claramente cuanto más avanza la
historia (cf. Mt 6,16-18), profetas y sabios mantienen enhiesto el ideal
de la verdadera piedad.
El verdadero ayuno, por
consiguiente, tiene como finalidad comer el "alimento verdadero", que
es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). Si, por lo tanto, Adán
desobedeció la orden del Señor de "no comer del árbol de la ciencia del
bien y del mal", con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a
Dios, confiando en su bondad y misericordia.
consiguiente, tiene como finalidad comer el "alimento verdadero", que
es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). Si, por lo tanto, Adán
desobedeció la orden del Señor de "no comer del árbol de la ciencia del
bien y del mal", con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a
Dios, confiando en su bondad y misericordia.
Además, el ayuno en el AT es también oración, que lo espera todo de Dios
(Is 58,3;.Jr 14,2; Mt 6,18). Apenas se habla del aspecto ascético en el
sentido de nuestra «mortificación». Toda concepción mágica está
totalmente ausente de la Biblia. Los fines externos (finis operantis) son múltiples:
(Is 58,3;.Jr 14,2; Mt 6,18). Apenas se habla del aspecto ascético en el
sentido de nuestra «mortificación». Toda concepción mágica está
totalmente ausente de la Biblia. Los fines externos (finis operantis) son múltiples:
arrepentimiento de los pecados (lSam 7,6; Eclo 34 [31],25-26[30-31],
alejamiento de un mal y castigo (lRe 21,27.29; Est 4,1-3.16; 9,31),
apaciguamiento de la cólera de Dios (n 2,14-17),
parte o confirmación
de votos, apoyo de peticiones (lSam 14,24; 2Sam 12, 15-23; Jl 1,13ss;
2,15; Esd 8,21; Tob 7,12; cf Act 23,12.14),
de votos, apoyo de peticiones (lSam 14,24; 2Sam 12, 15-23; Jl 1,13ss;
2,15; Esd 8,21; Tob 7,12; cf Act 23,12.14),
recuerdo de catástrofes nacionales (Zac 7,3; 8,18-20; Est 9,31).
Prepara a encuentros
especiales con Dios: revelaciones (Ex 34,28; Dt 9,9; Jue 20, 26.27; Dan
9,3; 10,2; Act 13,2; Lc 2,37; 1,80),
especiales con Dios: revelaciones (Ex 34,28; Dt 9,9; Jue 20, 26.27; Dan
9,3; 10,2; Act 13,2; Lc 2,37; 1,80),
y otras operaciones (Act 14,23; cf. Mc 4,2 par; 9,29).
En los cultos oficiales, el ayuno es una preparación ritual de penitencia (lSam 7,6; Jue 20,26).
La reconciliación se atribuye a la acción ritual del sacerdote (Lev 16,32-34; Núm 29,11).
Decía el Señor en el Sermón de la Montaña: 16Cuando
ayunéis no os finjáis tristes como los hipócritas, que desfiguran su
rostro para que los hombres noten que ayunan. En verdad os digo que ya
recibieron su recompensa. 17Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, 18para que no adviertan los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo oculto, te recompensará (Mt 6,16-18). Todo un criterio básico de rectitud para agtradar a Dios..
ayunéis no os finjáis tristes como los hipócritas, que desfiguran su
rostro para que los hombres noten que ayunan. En verdad os digo que ya
recibieron su recompensa. 17Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lávate la cara, 18para que no adviertan los hombres que ayunas, sino tu Padre, que está en lo oculto, te recompensará (Mt 6,16-18). Todo un criterio básico de rectitud para agtradar a Dios..
El ayuno en la primitiva Iglesia y las enseñanzas paulinas
La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana. He aquí algunos ejemplos:
Mientras
celebraban el culto del Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo:
Separadme a Bernabé y a Saulo para la obra que les he destinado. Y
después de ayunar, orar e imponerles las manos, los despidieron (Hch 13,2-3).
celebraban el culto del Señor y ayunaban, dijo el Espíritu Santo:
Separadme a Bernabé y a Saulo para la obra que les he destinado. Y
después de ayunar, orar e imponerles las manos, los despidieron (Hch 13,2-3).
Después de
predicar el Evangelio en aquella ciudad y hacer numerosos discípulos,
se volvieron a Listra, Iconio y Antioquía, confortando los ánimos de los
discípulos y exhortándoles a perseverar en la fe, diciéndoles que es
preciso que entremos en el Reino de Dios a través de muchas
tribulaciones. Después de ordenar presbíteros en cada iglesia, haciendo
oración y ayunando, les encomendaron al Señor en quien habían creído (Hch 14,22-23).
predicar el Evangelio en aquella ciudad y hacer numerosos discípulos,
se volvieron a Listra, Iconio y Antioquía, confortando los ánimos de los
discípulos y exhortándoles a perseverar en la fe, diciéndoles que es
preciso que entremos en el Reino de Dios a través de muchas
tribulaciones. Después de ordenar presbíteros en cada iglesia, haciendo
oración y ayunando, les encomendaron al Señor en quien habían creído (Hch 14,22-23).
Llevábamos
largo tiempo sin comer, y entonces Pablo se alzó en medio de ellos y
dijo: Mejor hubiera sido, amigos, escucharme y no habernos hecho a la
mar desde Creta, pues habríamos evitado este daño y esta pérdida. Pero
ahora os invito a tener buen ánimo, porque ninguno de vosotros perecerá;
sólo se perderá la nave (Hch 27,21-22)
largo tiempo sin comer, y entonces Pablo se alzó en medio de ellos y
dijo: Mejor hubiera sido, amigos, escucharme y no habernos hecho a la
mar desde Creta, pues habríamos evitado este daño y esta pérdida. Pero
ahora os invito a tener buen ánimo, porque ninguno de vosotros perecerá;
sólo se perderá la nave (Hch 27,21-22)
Que la vida de Jesús se nos manifieste en nuestra carne mortal (2 Co 4,11)
A nadie
damos motivo alguno de escándalo, para que no sea vituperado nuestro
ministerio, sino que en todo nos acreditamos como ministros de Dios: con
mucha paciencia, en tribulaciones, necesidades y angustias; en azotes,
prisiones y tumultos; en fatigas, desvelos y ayunos (2 Co 6,3-5)
damos motivo alguno de escándalo, para que no sea vituperado nuestro
ministerio, sino que en todo nos acreditamos como ministros de Dios: con
mucha paciencia, en tribulaciones, necesidades y angustias; en azotes,
prisiones y tumultos; en fatigas, desvelos y ayunos (2 Co 6,3-5)
También los Padres de
la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado,
reprimir los deseos del "viejo Adán" y abrir en el corazón del creyente
el camino hacia Dios. El ayuno es, además, una práctica recurrente y
recomendada por los santos de todas las épocas. Como recordábamos ayer,
escribe San Pedro Crisólogo: "El ayuno es el alma de la oración, y la
misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune;
quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica
aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a
quien no cierra los suyos al que le súplica" (Sermo 43: PL 52, 320,
332).
la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado,
reprimir los deseos del "viejo Adán" y abrir en el corazón del creyente
el camino hacia Dios. El ayuno es, además, una práctica recurrente y
recomendada por los santos de todas las épocas. Como recordábamos ayer,
escribe San Pedro Crisólogo: "El ayuno es el alma de la oración, y la
misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune;
quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica
aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a
quien no cierra los suyos al que le súplica" (Sermo 43: PL 52, 320,
332).
Dentro de la misma perspectiva pudiera entenderse la respuesta de Jesús a la pregunta sobre el ayuno que le hacen los fariseos y discípulos de Juan
(sobre todo Mc 2,18-20. 21-22; cf. Mt 9,14-17; Lc 5,33-39). Jesús
rechaza lisamente la doble imposición que viene dentro de la pregunta:
que Él y los suyos se pongan entre los reconocidamente piadosos y que
consiguientemente, tengan por necesario el ayuno tal como ellos lo
practican (Mc 2,19).
(sobre todo Mc 2,18-20. 21-22; cf. Mt 9,14-17; Lc 5,33-39). Jesús
rechaza lisamente la doble imposición que viene dentro de la pregunta:
que Él y los suyos se pongan entre los reconocidamente piadosos y que
consiguientemente, tengan por necesario el ayuno tal como ellos lo
practican (Mc 2,19).
Jesús, con la parábola
del esposo y de los «hijos de la cámara nupcial», funda su repulsa en su
presencia, la presencia del Mesias. Texto y contexto de las dos
parábolas que siguen, sobre la fundamental novedad de la realidad
cristiana y la necesidad de nuevas categorias (Mc 2,21-22), hacen por lo
menos muy verosímil que Jesús (Mc 2,20) no habla de fechas, ni
aprobando ni reprobando, sino de algo más profundo que tiene aún que
brillar para los preguntantes. Su estrecha mentalidad ritualista pasa
por alto el solo hecho decisivo: Jesús, la salud, está alli.
del esposo y de los «hijos de la cámara nupcial», funda su repulsa en su
presencia, la presencia del Mesias. Texto y contexto de las dos
parábolas que siguen, sobre la fundamental novedad de la realidad
cristiana y la necesidad de nuevas categorias (Mc 2,21-22), hacen por lo
menos muy verosímil que Jesús (Mc 2,20) no habla de fechas, ni
aprobando ni reprobando, sino de algo más profundo que tiene aún que
brillar para los preguntantes. Su estrecha mentalidad ritualista pasa
por alto el solo hecho decisivo: Jesús, la salud, está alli.
Si entendieran esto,
comprederían lo futil de su descarriada preocupación. A los discípulos
les espera otro ayuno, que no se impondrán ni tasarán ellos a sí mismos:
después de la muerte y resurrección de Jesús se verán dolorosamente
privados de su presencia visible (Mc 2,20; cf. Mt 9,15; 2 Cor 5,6-8; Flp
1,23). Así pues, en Mc 2,20 «ayunar» se toma en sentido traslaticio y
figuradamente, lo mismo que «esposo» (alegoría). Con ello orienta Jesús
la atención a la salud. Zacarías (8,18-19) señala el gozo de la
consumación; Jesús, la necesidad del tránsito terreno. Uno y otro
emplean el término «ayunar» para caracterizar situaciones distintas de
la salud: Zacarías por la supresión del ayuno, Jesús por un nuevo
sentido que lo ha de informar. Uno y otro se desentienden de minucias
rituales que han pasado injustificadamente a primer plano. De la
respuesta de Jesús no cabe deducir nada ni en pro ni en contra de la
práctica cristiana del ayuno. De hecho nadie vio aquí originaria ni
uniformemente el fundamento para ello.
comprederían lo futil de su descarriada preocupación. A los discípulos
les espera otro ayuno, que no se impondrán ni tasarán ellos a sí mismos:
después de la muerte y resurrección de Jesús se verán dolorosamente
privados de su presencia visible (Mc 2,20; cf. Mt 9,15; 2 Cor 5,6-8; Flp
1,23). Así pues, en Mc 2,20 «ayunar» se toma en sentido traslaticio y
figuradamente, lo mismo que «esposo» (alegoría). Con ello orienta Jesús
la atención a la salud. Zacarías (8,18-19) señala el gozo de la
consumación; Jesús, la necesidad del tránsito terreno. Uno y otro
emplean el término «ayunar» para caracterizar situaciones distintas de
la salud: Zacarías por la supresión del ayuno, Jesús por un nuevo
sentido que lo ha de informar. Uno y otro se desentienden de minucias
rituales que han pasado injustificadamente a primer plano. De la
respuesta de Jesús no cabe deducir nada ni en pro ni en contra de la
práctica cristiana del ayuno. De hecho nadie vio aquí originaria ni
uniformemente el fundamento para ello.
Como «sombra de lo
futuro», las prescripciones rituales, la «comida y bebida», en el «reino
de Dios», son de suyo indiferentes (Col 2,16-17; Rom 14,17; 1 Cor 8,8).
Jesús no trae nuevas normas externas, sino la plenitud de la salud y
piedad. El cristiano debe configurada libremente por la recta intención.
futuro», las prescripciones rituales, la «comida y bebida», en el «reino
de Dios», son de suyo indiferentes (Col 2,16-17; Rom 14,17; 1 Cor 8,8).
Jesús no trae nuevas normas externas, sino la plenitud de la salud y
piedad. El cristiano debe configurada libremente por la recta intención.
Con qué fuerza y
también con qué incertidumbre se mantuvo por largo tiempo en
determinados sectores el interés por prácticas, como la del ayuno,
reguladas en muchos casos por la ley y las costumbres, pónenlo de
manifiesto numerosas dificultades afines a la pregunta de Mc 2,18-20,
que se hallan en los apócrifos y en los escritores cristianos,
prácticamente todos los oscuros logia que, en el evangelio copto de Tomás, se ocupan del ayuno y lo rechazan.
también con qué incertidumbre se mantuvo por largo tiempo en
determinados sectores el interés por prácticas, como la del ayuno,
reguladas en muchos casos por la ley y las costumbres, pónenlo de
manifiesto numerosas dificultades afines a la pregunta de Mc 2,18-20,
que se hallan en los apócrifos y en los escritores cristianos,
prácticamente todos los oscuros logia que, en el evangelio copto de Tomás, se ocupan del ayuno y lo rechazan.
Pasajes del NT, que
ofrecen críticamente dificultad, en los que no se sabe de cierto si
originariamente hablaban del ayuno, atestiguan por su presencia la
estima que se tenía en otros sectores (Mc 9,29 = Mt 17,21; Act 10,30; 1
Cor 7,5). El ejemplo y la doctrina de Jesús (Mt 4,2 par; 6,16-18)
recomiendan positivamente el recto ayuno, y continúan el fondo auténtico
y duradero de las costumbres judaicas.
ofrecen críticamente dificultad, en los que no se sabe de cierto si
originariamente hablaban del ayuno, atestiguan por su presencia la
estima que se tenía en otros sectores (Mc 9,29 = Mt 17,21; Act 10,30; 1
Cor 7,5). El ejemplo y la doctrina de Jesús (Mt 4,2 par; 6,16-18)
recomiendan positivamente el recto ayuno, y continúan el fondo auténtico
y duradero de las costumbres judaicas.
Precisamente al
repudiar formas externas caducadas del ayuno, Jesús designa la
existencia humana como un ayuno; con ello nos da implícitamente a
entender que también en la nueva economía tiene lugar o razón de ser un
ayuno corporal rectamente entendido.
repudiar formas externas caducadas del ayuno, Jesús designa la
existencia humana como un ayuno; con ello nos da implícitamente a
entender que también en la nueva economía tiene lugar o razón de ser un
ayuno corporal rectamente entendido.
El ayuno en nuestros días
El ayuno en el Islam y
en el Budismo, por ejemplo, trata de liberarnos del peso de las cosas
creadas. Pero para el cristiano «el deseo místico no es nunca el
descenso en sí mismo, sino el descenso en la profundización de la fe,
donde se encuentra a Dios».
en el Budismo, por ejemplo, trata de liberarnos del peso de las cosas
creadas. Pero para el cristiano «el deseo místico no es nunca el
descenso en sí mismo, sino el descenso en la profundización de la fe,
donde se encuentra a Dios».
En nuestros días,
parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y
ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del
bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado
del propio cuerpo.
parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y
ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del
bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado
del propio cuerpo.
Está claro que ayunar
es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer
lugar, una "terapia" para curar todo lo que les impide conformarse a la
voluntad de Dios. En la Constitución apostólica Pænitemini de
1966, el Siervo de Dios Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el
ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no "vivir para sí
mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también
para los hermanos" (cfr. Cap. I).
es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer
lugar, una "terapia" para curar todo lo que les impide conformarse a la
voluntad de Dios. En la Constitución apostólica Pænitemini de
1966, el Siervo de Dios Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el
ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no "vivir para sí
mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también
para los hermanos" (cfr. Cap. I).
La Cuaresma podría ser
una buena ocasión para retomar las normas contenidas en la citada
Constitución apostólica, valorizando el significado auténtico y perenne
de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar
nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo,
primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el
Evangelio (cfr. Mt 22,34-40).
una buena ocasión para retomar las normas contenidas en la citada
Constitución apostólica, valorizando el significado auténtico y perenne
de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar
nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo,
primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el
Evangelio (cfr. Mt 22,34-40).
La práctica fiel del
ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma,
ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San
Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las
definía "retorcidísima y enredadísima complicación de nudos"
(Confesiones, II, 10.18), en su tratado La utilidad del ayuno, escribía:
"Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él
me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su
dulzura" (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708).
ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma,
ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San
Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las
definía "retorcidísima y enredadísima complicación de nudos"
(Confesiones, II, 10.18), en su tratado La utilidad del ayuno, escribía:
"Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él
me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su
dulzura" (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708).
Privarse del alimento
material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a
escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y
la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que
experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de
Dios.
material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a
escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y
la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que
experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de
Dios.
Práctica ascética de la mortificación
Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos.
En su Primera carta San
Juan nos pone en guardia: "Si alguno que posee bienes del mundo, ve a
su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede
permanecer en él el amor de Dios?" (3,17). Ayunar por voluntad propia
nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y
socorre al hermano que sufre (cfr. Enc. Deus caritas est, 15).
Juan nos pone en guardia: "Si alguno que posee bienes del mundo, ve a
su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede
permanecer en él el amor de Dios?" (3,17). Ayunar por voluntad propia
nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y
socorre al hermano que sufre (cfr. Enc. Deus caritas est, 15).
Al escoger libremente
privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que
el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. Precisamente para
mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos,
animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la
Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo
la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna.
privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que
el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. Precisamente para
mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos,
animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la
Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo
la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna.
Este fue, desde el
principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían
colectas especiales (cfr. 2 Co 8-9; Rm 15,25-27), y se invitaba a los
fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido
(cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.
principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían
colectas especiales (cfr. 2 Co 8-9; Rm 15,25-27), y se invitaba a los
fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido
(cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.
Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos.
Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes
materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la
naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos
afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno
litúrgico cuaresmal exhorta: "Utamur ergo parcius, / verbis, cibis et
potibus, / somno, iocis et arctius / perstemus in custodia Usemos de
manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los
juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención".
Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes
materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la
naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos
afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno
litúrgico cuaresmal exhorta: "Utamur ergo parcius, / verbis, cibis et
potibus, / somno, iocis et arctius / perstemus in custodia Usemos de
manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los
juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención".
Último fin del ayuno: unión con Dios
El ayuno es restricción
del consumo del mundo, es privación del mal, y también privación del
bien, es honor de Dios. Hay que ayunar de comida, de gastos, de viajes,
de vestidos, de lecturas, noticias, relaciones, Tv, prensa,
espectáculos, actividad sexual (1 Co 7,5) de todo lo que es ávido
consumo del mundo visible.
del consumo del mundo, es privación del mal, y también privación del
bien, es honor de Dios. Hay que ayunar de comida, de gastos, de viajes,
de vestidos, de lecturas, noticias, relaciones, Tv, prensa,
espectáculos, actividad sexual (1 Co 7,5) de todo lo que es ávido
consumo del mundo visible.
La vida cristiana es, en el más estricto sentido de la palabra, una vida elegante, es decir, una vida personal, desde dentro, que elige
siempre y en todo; lo contrario, justamente, de una vida masificada y
automática, en la que las necesidades, muchas veces falsas, y las pautas
conductuales, muchas veces malas, son impuestas por el ambiente, desde
fuera.
siempre y en todo; lo contrario, justamente, de una vida masificada y
automática, en la que las necesidades, muchas veces falsas, y las pautas
conductuales, muchas veces malas, son impuestas por el ambiente, desde
fuera.
Es únicamente en esta vida elegante del ayuno donde puede desarrollarse en plenitud la pobreza evangélica.
«Ese hacer penitencia,
que el Señor propone como condición indispensable para entrar en el
Reino de los cielos, esconde mucho más que el ejercicio de unas
prácticas exteriores. La expresión griega utilizada por el evangelista,
reflejo de la que empleó el Señor, significa un profundo cambio interior
de la inteligencia y de la voluntad. Jesucristo pide a los que de veras
deseen seguirle un vuelco completo del modo de pensar, sentir y actuar,
que afecta antes que nada al corazón. Jesús invita a los hombres y
mujeres a ti y a mí, en este instante a abandonar el rumbo de los
pensamientos y deseos mundanos, que alejan del Padre celestial, para
emprender una nueva dirección, la que Él mismo ha dejado señalada en el
Evangelio. Les invita a convertirse, es decir, a cambiar radicalmente la
dirección de los propios pasos, a volverse a Dios, único centro y fin
de toda la existencia humana. Naturalmente, esa mudanza se ha de
manifestar en hechos, pues todo cambio verdadero de ideas y de corazón
ha de concretarse en obras (cfr Lc 3,8)» (Mons. Echevarría, Carta, 1-I-1999)
que el Señor propone como condición indispensable para entrar en el
Reino de los cielos, esconde mucho más que el ejercicio de unas
prácticas exteriores. La expresión griega utilizada por el evangelista,
reflejo de la que empleó el Señor, significa un profundo cambio interior
de la inteligencia y de la voluntad. Jesucristo pide a los que de veras
deseen seguirle un vuelco completo del modo de pensar, sentir y actuar,
que afecta antes que nada al corazón. Jesús invita a los hombres y
mujeres a ti y a mí, en este instante a abandonar el rumbo de los
pensamientos y deseos mundanos, que alejan del Padre celestial, para
emprender una nueva dirección, la que Él mismo ha dejado señalada en el
Evangelio. Les invita a convertirse, es decir, a cambiar radicalmente la
dirección de los propios pasos, a volverse a Dios, único centro y fin
de toda la existencia humana. Naturalmente, esa mudanza se ha de
manifestar en hechos, pues todo cambio verdadero de ideas y de corazón
ha de concretarse en obras (cfr Lc 3,8)» (Mons. Echevarría, Carta, 1-I-1999)
Por lo tanto, que en
cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar
todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el
alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en
un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de
la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre
todo en la Santa Misa dominical. Con esta disposición interior entremos
en el clima penitencial de la Cuaresma.
cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar
todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el
alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en
un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de
la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre
todo en la Santa Misa dominical. Con esta disposición interior entremos
en el clima penitencial de la Cuaresma.
Mortificarse,
negarse a determinados bienes sensibles, en el plano natural lleva al
autodominio, mantiene la supremacía del espíritu sobre las pasiones.
Sin embargo, la mortificación cristiana la Cruz del Señor lleva,
además, a la renuncia del propio yo, para conformarnos a Cristo. Este el
sentido de la mortificación: Es necesario que él crezca y que yo disminuya (Jn 3, 30).
negarse a determinados bienes sensibles, en el plano natural lleva al
autodominio, mantiene la supremacía del espíritu sobre las pasiones.
Sin embargo, la mortificación cristiana la Cruz del Señor lleva,
además, a la renuncia del propio yo, para conformarnos a Cristo. Este el
sentido de la mortificación: Es necesario que él crezca y que yo disminuya (Jn 3, 30).
Se trata de dar paso a la nueva Vida y no simplemente a una vida humana más equilibrada.
Necesaria para alcanzar la santidad (cfr. Camino, 187, 189).
- 187. Paradoja: para Vivir hay que morir.
- 189. Todo lo que te no lleve a Dios es un estorbo. Arráncalo y tíralo lejos.
Para el apostolado (cfr. Camino, 192, 199, 938, 946).
- 192. Siempre sales
vencido. Proponte, cada vez, la salvación de un alma determinada, o su
santificación, o su vocación al apostolado... Así estoy seguro de tu
victoria.
vencido. Proponte, cada vez, la salvación de un alma determinada, o su
santificación, o su vocación al apostolado... Así estoy seguro de tu
victoria.
- 199. Si el grano de
trigo no muere queda infecundo. ¿No quieres ser grano de trigo, morir
por la mortificación, y dar espigas bien granadas? ¡Que Jesús bendiga
tu trigal!
trigo no muere queda infecundo. ¿No quieres ser grano de trigo, morir
por la mortificación, y dar espigas bien granadas? ¡Que Jesús bendiga
tu trigal!
- 938. Procura vivir de
tal manera que sepas, voluntariamente, privarte de la comodidad y
bienestar que verías mal en los hábitos de otro hombre de Dios. Mira que
eres el grano de trigo del que habla el Evangelio. Si no te entierras y
mueres, no habrá fruto.
tal manera que sepas, voluntariamente, privarte de la comodidad y
bienestar que verías mal en los hábitos de otro hombre de Dios. Mira que
eres el grano de trigo del que habla el Evangelio. Si no te entierras y
mueres, no habrá fruto.
- 946. Si queréis
entregaros a Dios en el mundo, antes que sabios ellas no hace falta que
sean sabias: basta que sean discretashabéis de ser espirituales, muy
unidos al Señor por lo oración: habéis de llevar un manto invisible que
cubra todos y cada uno de vuestros sentidos y potencias: orar, orar y
orar; expiar, expiar y expiar.
entregaros a Dios en el mundo, antes que sabios ellas no hace falta que
sean sabias: basta que sean discretashabéis de ser espirituales, muy
unidos al Señor por lo oración: habéis de llevar un manto invisible que
cubra todos y cada uno de vuestros sentidos y potencias: orar, orar y
orar; expiar, expiar y expiar.
Para hacer la vida agradable a los demás (cfr. Camino 179, 198; Surco, 779, 819, 990; Forja, 149).
- 179.- Busca mortificaciones que no mortifiquen a los demás.
- 198.- Estos son los
frutos sabrosos del alma mortificada: compresión y transigencia para las
miserias ajenas: intransigencia para las propias.
frutos sabrosos del alma mortificada: compresión y transigencia para las
miserias ajenas: intransigencia para las propias.
- 799.- ¡Grítaselo
fuerte, que ese grito es chifladura de enamorado!: Señor, aunque te
amo..., ¡no te fíes de mí! ¡Atame a Ti, cada día más!
fuerte, que ese grito es chifladura de enamorado!: Señor, aunque te
amo..., ¡no te fíes de mí! ¡Atame a Ti, cada día más!
- 819.- El Amor se robustece también con negación y mortificación.
- 990.- Te presentas
como un teórico formidable... Pero ¡no cedes ni en menudencias
insignificantes! ¡No creo en ese espíritu tuyo de mortificación!
como un teórico formidable... Pero ¡no cedes ni en menudencias
insignificantes! ¡No creo en ese espíritu tuyo de mortificación!
- 149. Por mi miseria,
me quejaba yo a un amigo de que parece que Jesús está de paso... y de
que me deja solo. -Al instante, reaccioné con dolor, lleno de confianza:
no es así, Amor mío: yo soy quien, sin duda, se apartó de Ti: ¡ya no
más!
me quejaba yo a un amigo de que parece que Jesús está de paso... y de
que me deja solo. -Al instante, reaccioné con dolor, lleno de confianza:
no es así, Amor mío: yo soy quien, sin duda, se apartó de Ti: ¡ya no
más!
Mortificación interior y de la lengua (cfr. Camino 443-445, 447-449; Surco, 902, 904; Forja, 152).
443. No hagas crítica negativa: cuando no puedas alabar, cállate.
444. Nunca hables mal
de tu hermano, aunque tengas sobrados motivos. Ve primero al Sagrario, y
luego ve al Sacerdote, tu padre, y desahoga también tu pena con él.Y
con nadie más.
de tu hermano, aunque tengas sobrados motivos. Ve primero al Sagrario, y
luego ve al Sacerdote, tu padre, y desahoga también tu pena con él.Y
con nadie más.
445. La murmuración es
roña que ensucia y entorpece el apostolado. Va contra la caridad,.
resta fuerzas, quita la paz, y hace perder la unión con Dios.
roña que ensucia y entorpece el apostolado. Va contra la caridad,.
resta fuerzas, quita la paz, y hace perder la unión con Dios.
447. Después de ver en
qué se emplean, ¡íntegras!, muchas vidas (lengua, lengua, lengua, con
todas sus consecuencias), me parece más necesario y más amable el
silencio. Y entiendo muy bien que pidas cuentas, Señor, de la palabra
ociosa.
qué se emplean, ¡íntegras!, muchas vidas (lengua, lengua, lengua, con
todas sus consecuencias), me parece más necesario y más amable el
silencio. Y entiendo muy bien que pidas cuentas, Señor, de la palabra
ociosa.
448. Es más fácil decir
que hacer. Tú..., que tienes esa lengua tajante de hacha, ¿has
probado alguna vez, por casualidad siquiera, a hacer "bien" lo que,
según tu "autorizada" opinión, hacen los otros menos bien?
que hacer. Tú..., que tienes esa lengua tajante de hacha, ¿has
probado alguna vez, por casualidad siquiera, a hacer "bien" lo que,
según tu "autorizada" opinión, hacen los otros menos bien?
449. Eso se llama:
susurración, murmuración, trapisonda, enredo, chisme, cuento,
insidia..., ¿calumnia?, .¿vileza?Es difícil que la "función de
criterio", de quien no tiene por qué ejercitarla, no acabe en "faena de
comadres".
susurración, murmuración, trapisonda, enredo, chisme, cuento,
insidia..., ¿calumnia?, .¿vileza?Es difícil que la "función de
criterio", de quien no tiene por qué ejercitarla, no acabe en "faena de
comadres".
902. Acostúmbrate a
hablar cordialmente de todo y de todos; en particular, de cuantos
trabajan en el servicio de Dios. Y cuando no sea posible, ¡calla!:
también los comentarios bruscos o desenfadados pueden rayar en la
murmuración o en la difamación.
hablar cordialmente de todo y de todos; en particular, de cuantos
trabajan en el servicio de Dios. Y cuando no sea posible, ¡calla!:
también los comentarios bruscos o desenfadados pueden rayar en la
murmuración o en la difamación.
904. ¡De los sacerdotes
de Cristo no se ha de hablar más que para alabarles! Deseo con toda mi
alma que mis hermanos y yo lo tengamos muy en cuenta, para nuestra
conducta diaria.
de Cristo no se ha de hablar más que para alabarles! Deseo con toda mi
alma que mis hermanos y yo lo tengamos muy en cuenta, para nuestra
conducta diaria.
152. Cuídame el ejercicio de una mortificación muy interesante: que tus conversaciones no giren en torno a ti mismo.
Despedida mariana
Que nos acompañe la
Beata Virgen María, Causa nostræ laetitiæ, y nos sostenga en el esfuerzo
por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se
convierta cada vez más en "tabernáculo viviente de Dios". Con este
deseo, asegurando mis oraciones para que cada creyente y cada comunidad
eclesial recorra un provechoso itinerario cuaresmal, os imparto de
corazón a todos la Bendición Apostólica.
Beata Virgen María, Causa nostræ laetitiæ, y nos sostenga en el esfuerzo
por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se
convierta cada vez más en "tabernáculo viviente de Dios". Con este
deseo, asegurando mis oraciones para que cada creyente y cada comunidad
eclesial recorra un provechoso itinerario cuaresmal, os imparto de
corazón a todos la Bendición Apostólica.
Homilías Santa Marta
Colabora con Almudi
e pensamiento, filosóficas y teológicas
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